julio 19, 2009

Canciones para el que llega

Entre las varias cosas –podemos celebrar que no son decenas, apenas unas cuantas-que me falta preparar para el arribo del passenger (que ha quedado como la venida del juicio final en que uno no sabe “ni el día ni la hora”) está hacer una lista de reproducción de canciones del ipod que nos vamos a poner a escuchar en la sala de expulsión y/o quirófano: esa facilidad dan ahora en el hospitalito en que ternuris está programado para nacer.

He pensado en algunas que me gustan mucho, como las del disco de Wim Mertens “The belly of an architect” (que son en la línea de las instrumentales unas de mis preferidas), unas de Astor Piazzolla y la de Ausencia de Goran Bregoviç con Cesario Évora…. En fin, una lista aún inacabada.

En poemas también le he estado buscando, pero aquí mis opciones se reducen porque ya ven que no soy muy lectora de poesía, sino de otras textos más contingentes y pasajeros….

Y sobre todo porque en el destiliche de estos días me encontré con la versión teatral de Cyrano de Bergerac que leí hace una década y que ahora releí a vuelo de pájaro. Ahí me encontré con un fragmento que me gustaría recitarle (de memoria y en silencio) al inquilino cuando nos presenten por primera vez. Aquí les va:

 

¿Qué es en realidad un beso?

¿Un juramento cercano?

¿Una promesa precisa?

¿Un amor que se quiere confirmar?

Sí, un beso es un acento invisible sobre el verbo amar,

Un secreto que confunde la boca con la oreja,

Convirtiéndose en un instante infinito.

Un beso es una nueva forma de respirar del corazón,

Y de saborear en el borde de los labios… ¡el alma!


P.D. El consenso sobre el nombre del passenger está a punto de resolverse. Ha resultado harto complicado llegar a un consenso, equiparado a cuando los cardenales están en un cónclave y pasan los días sin que salga humo blanco y afuera muchos esperan la fumata. Ya llegará, no desesperen.

1 comentario:

La Blu dijo...

Se me aguaron los ojos con el fragmento que elegiste para su primer encuentro. Está hermoso.

Y pues... ando cruzando los dedos para que quede el nombre que me gustó, ya ves... uno nunca sabe, y qué tal que lo mío lo mío es la adivinadera.

...cada día falta menos... que nerviots.