Antes de que un bebé produzca algo parecido a un balbuceo, un sonido fonético o una palabra, no hay cosa más esperada que salga de sus labios que una eructada.
Nosotros, en México me refiero, le decimos "repetir" a poner a un niño a sacar los gases para poder continuar con su comida o quedarse agusto al final de una toma de leche.
¿Alguien sabe por qué se le dice "repetir" a repetir?
P.S. YA SUBÍ FOTOS DE SANTI AL FEIS. Sin duda me falta una mejor cámara o más técnica para poder captar en un click lo agradable y lindo que es mi hijito, pero bueno, ya al menos se podrán dar una idea de lo hermosa que nos salió la creatura.
El nombre del blog se ha vuelto premonitorio. Tardíamente ha llegado la maternidad a mi vida. Ahora me tocará esperar otros balbuceos y ayudar a que se produzcan. Sostengo que tener un hijo es como emprender un gran viaje. Yo ya compré el boleto y me han cortado el ticket. Este será el registro de este nuevo gran viaje; para algunos de Uds quizás perderá interés. Para mi, la necesidad de soltar palabras al aire en un campo abierto y con mucho viento, como es el Internet, también cambia.
septiembre 27, 2009
septiembre 12, 2009
Para Erika y Ana Laura
La lactancia me tiene absorta literal, práctica y emocionalmente.
Literalmente porque tantos años hablando el español y no me había percatado de que en nuestro idioma teníamos un verbo específico para una actividad que todos los mamíferos llevan a cabo pero que sólo en el caso de los humanos la llamamos lactar. Es tan breve –dos sílabas apenas- pero tan poderosa como las grandes palabras de nuestro idioma.
Prácticamente porque la vida de una mujer estrenada en mamá se rige por esta actividad. Dormir, bañarse, comer o hablar por teléfono se dan por cálculos que una hace sobre si el bebé acaba de comer o está por pedir a gritos la teta de su delirio.
Lactar me absorbe emocionalmente pues una vive la experiencia de la exclusividad (“sólo yo puedo alimentar a mi hijo”), de la entrega amorosa y mística (como cuando Jesús decía “este es mi cuerpo, coman y beban de él”) y de la libertad (siempre hay la alternativa del biberón así que lactar tampoco es obligación).
Adicional a ello, cuando lacto a Santi vivo una gratificación personal que no es exclusiva de las mujeres o de las madres, pero que las que entramos en este club podemos repetir varias veces al día: es la confirmación de que una puede producir desde dentro de sí algo muy bueno para otra persona (de hecho, el mejor alimento para un bebé), pues genéticamente fuimos dotadas para ello; pero como toda potencia necesita algo de voluntad para convertirse en acto.
En mi caso, además he contado con el monumental (sí, yo les pondría un monumento a las y los que militan, estudian y difunden los beneficios de la lactancia materna) apoyo y compañía de mis amigas nutriólogas Erika y Ana Laura. Ellas me acercaron los saberes antes de que tuviera la experiencia y en el no fácil tránsito para establecer la lactancia han estado con Santi y conmigo, orientándonos y animándonos a continuar porque ninguna experiencia, por más emocionante y grata que sea, se logra sin vadear algunos obstáculos.
Literalmente porque tantos años hablando el español y no me había percatado de que en nuestro idioma teníamos un verbo específico para una actividad que todos los mamíferos llevan a cabo pero que sólo en el caso de los humanos la llamamos lactar. Es tan breve –dos sílabas apenas- pero tan poderosa como las grandes palabras de nuestro idioma.
Prácticamente porque la vida de una mujer estrenada en mamá se rige por esta actividad. Dormir, bañarse, comer o hablar por teléfono se dan por cálculos que una hace sobre si el bebé acaba de comer o está por pedir a gritos la teta de su delirio.
Lactar me absorbe emocionalmente pues una vive la experiencia de la exclusividad (“sólo yo puedo alimentar a mi hijo”), de la entrega amorosa y mística (como cuando Jesús decía “este es mi cuerpo, coman y beban de él”) y de la libertad (siempre hay la alternativa del biberón así que lactar tampoco es obligación).
Adicional a ello, cuando lacto a Santi vivo una gratificación personal que no es exclusiva de las mujeres o de las madres, pero que las que entramos en este club podemos repetir varias veces al día: es la confirmación de que una puede producir desde dentro de sí algo muy bueno para otra persona (de hecho, el mejor alimento para un bebé), pues genéticamente fuimos dotadas para ello; pero como toda potencia necesita algo de voluntad para convertirse en acto.
En mi caso, además he contado con el monumental (sí, yo les pondría un monumento a las y los que militan, estudian y difunden los beneficios de la lactancia materna) apoyo y compañía de mis amigas nutriólogas Erika y Ana Laura. Ellas me acercaron los saberes antes de que tuviera la experiencia y en el no fácil tránsito para establecer la lactancia han estado con Santi y conmigo, orientándonos y animándonos a continuar porque ninguna experiencia, por más emocionante y grata que sea, se logra sin vadear algunos obstáculos.
septiembre 08, 2009
Aprendiendo a hablar
Por: Trk
En estos días he aprendido a hablar con Santiago. No puedo decir que las palabras que empleamos sean el lenguaje estándar, simplemente, nos miramos y él, a su manera, me dice lo que siente y yo, con todo mi ser y todas mis palabras, le muestro lo tanto que quiero estar con él.
Cuando Santiago se duerme en mi pecho, le hablo con el corazón y mi respiración; entonces le digo que lo quiero mucho y lo lindo que es respirar libre en el mundo. Cuando está inquieto, camino con él y le canto para que descubra que también en las canciones puede encontrar paz. Cuando está dormido, le digo con mis manos que está en buen lugar, y que nosotros y su ángel de la guarda velamos porque crezca feliz. Cuando lo cambio, le explico que no hay mayor amor en el mundo que el servicio a los más pequeños, a los más débiles; de esa manera quiero enseñarle lo que es la misericordia, una virtud que a veces pocas personas cultivan y creo que no lo hacen porque no ha habido alguien que las mire con el cariño con que miramos a Santi. Y así, las palabras que dice mi boca, mis manos, mis pasos y todo mi cuerpo van hilando historias, cantos y mensajes que él y yo compartimos; entonces empezamos los dos a balbucear, y balbuceando redescubrimos el mundo y el amor.
En estos días he aprendido a hablar con Santiago. No puedo decir que las palabras que empleamos sean el lenguaje estándar, simplemente, nos miramos y él, a su manera, me dice lo que siente y yo, con todo mi ser y todas mis palabras, le muestro lo tanto que quiero estar con él.
Cuando Santiago se duerme en mi pecho, le hablo con el corazón y mi respiración; entonces le digo que lo quiero mucho y lo lindo que es respirar libre en el mundo. Cuando está inquieto, camino con él y le canto para que descubra que también en las canciones puede encontrar paz. Cuando está dormido, le digo con mis manos que está en buen lugar, y que nosotros y su ángel de la guarda velamos porque crezca feliz. Cuando lo cambio, le explico que no hay mayor amor en el mundo que el servicio a los más pequeños, a los más débiles; de esa manera quiero enseñarle lo que es la misericordia, una virtud que a veces pocas personas cultivan y creo que no lo hacen porque no ha habido alguien que las mire con el cariño con que miramos a Santi. Y así, las palabras que dice mi boca, mis manos, mis pasos y todo mi cuerpo van hilando historias, cantos y mensajes que él y yo compartimos; entonces empezamos los dos a balbucear, y balbuceando redescubrimos el mundo y el amor.
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