mayo 25, 2009

(Un) happy birthday

Los cumpleaños me incomodan. Los míos, obvio, porque los ajenos me motivan, me alienta ver lo que la gente cambia en un año, la alegría que la inunda marcar una fecha en el calendario...
Nunca he sido de planear algo para mi cumpleaños, una fiesta, una celebración íntima; soy de las que no esperan nada para ese día y que en seguida se cuestiona por qué tanta dejadez!
Ahora se ha aumentado el pensar si esta anticlimática actitud ante mis cumpleaños habré de heredársela al passenger..... me asusta un poco que así ocurra, pues aunque yo no me entristezco de cumplir años simplemente me gustaría volverme una ostra, cerrar el capullo y dejarme llevar por el agua o el aire y amanecer al otro día ya con más años, sacar las patitas de la ostra, asomar la cara fuera del capullo y tirarme a caminar.....
Desde ahora siento que voy a fracasar cuando le organice una fiesta de cumpleaños a mi hijo y nadie asista, o los que vayan se aburran o que en medio de una fiesta mi hijo se sienta un hongo solitario....
¡Qué loco es esto de angustiarse más por cómo organizarle la fiesta de cumple a tu hijo que pensar a qué escuela quieres enviarlo!!! ja ja, pero así me pasa; especialmente este 24 de mayo.
Y me pasa esto, justo hoy, a pesar de que en mi vida me habían mandado un arreglo floral que llegara muy temprano a casa y que estuviera tan alto que puesto en la mesa rebasa mi propio tamaño, y que el regalo de mi marido realmente no lo había adivinado (usualmente es predecible en este aspecto) y de que me habló una prima de Durango y que me regalaron una bolsa que me encanta y que, como siempre, tengo el cariño, recuerdo y oraciones de mi madre y de mis tías....
¿De dónde me viene esta inmunidad a mis cumpleaños? ¿Habrá alguna vacuna para ponérsela al passenger?

mayo 09, 2009

Sin premio ni miedo

Siempre me ha intrigado cómo viven cotidianamente la relación con sus hijos aquellas personas que son tan dadas a pronunciarse a favor de los “valores familiares”.
Esto de "educar en valores" a los hijos es un discurso bastante reciente y quizá por eso, a veces suena como un pozo profundo, profundo pero vacío, vacío.
Yo lo más que recuerdo de dilemas entre mis padres sobre los valores que debían inculcarnos era cuando mis hermanos o yo queríamos hacer tal o cual cosa, por ejemplo quedarnos a jugar con los primos cuando ya era hora de marcharse, y mi papá decía “que ellos decidan si se quieren quedar” y mi mamá respondía “pero ya nos tenemos que ir, aparte tú quieres hacerlos muy libres y después la que batalla soy yo”.
Con tan poca experiencia a la que pueda recurrir y por ser un asunto en el que intelectualmente he transitado tan poco, me ha gustado mucho una entrevista que le hizo Miguel Mora, de El País, (también la pueden leer en el número de Abril de la revista Nexos) a Rita Levi-Montalcini, Premio Nobel de Medicina al cumplir 100 años.
¿Qué aprendió de sus padres? ¿Qué valores le transmitieron?, le preguntan.
“Lo más importante era comportarse de una manera razonable, saber lo que vale de verdad. Tener un comportamiento riguroso y bueno, pero sin la idea del premio o el castigo. No existía la idea del cielo y el infierno. Éramos religiosos, pero la actitud ante la vida no tenía que ver con la religión. Existía el sentido del deber, pero sin compensación post mortem. Debíamos comportarnos bien, eso era una obligación. Entonces no se hablaba de genética, pero era ese espíritu. Sin premio ni miedo.”

mayo 03, 2009

Movilidad

Sentir a la creatura moverse dentro de mi ha marcado un antes y un después en el embarazo.
Ya sé que la gestación se mide por semanas y se organiza por meses, pero sicológicamente (y por ende, emocionalmente… ¿o al revés?) creo que el momento clave es cuando una lo siente moverse no aisladamente o por casualidad, sino como me pasa a mi, casi a cualquier hora.
Como lo he contado, al inquilino lo vi moverse desde febrero, pero fue en la pantalla del ultrasonido y de no confiar tanto en mi doctor, hubiera pensado que me puso una grabación para ver actividad en el vientre aunque yo no sintiera nada…. Ese día no sabía bien si llorar o reir (creo que hice lo segundo) cuando observé cómo flexionaba su pierna y luego la volvía a extender. Pero, insisto, no sentí nada más, ni ese día ni las semanas que siguieron.
Las subsecuentes citas con el gine me emocionaban sobre todo por ver lo que no sentía. Hasta la de la semana pasada.
Ahora siento, sin duda o error, cuándo la creatura se mueve; de qué lado de la panza está y algunas variantes de lo que llamaremos genéricamente “pataditas”.
Los primeros días de estas sensaciones (ya dije que empezaron a ocurrir los últimos días en París) pensaba yo que el passenger respondía a ciertos estímulos como comer algo dulce o recargarme de su lado. Entonces creía leer que estaba incómodo con alguna posición mía al dormir o que se emocionaba con algo que a mi me pasaba.
A veces es lindo pensar así las cosas, en concreto los movimientos de la creatura. Pero en la última cita con el gine y la nutri despejé algunas incorrectas conclusiones a que había arribado.

-¿Tantos movimientos del bebé a estas alturas del embarazo (aún no entro al sexto mes) son indicios de que podría ser prematuro? R= No, el bebé crece no únicamente de alimentarse sino de moverse, como nosotros, y ahorita se mueve más porque tiene espacio.

-¿Es posible que el bebé responda rápido (digamos uno o dos minutos), con movimientos, al estímulo de la mamá comiendo un chocolate? R= No, químicamente no, pero aún sabemos muy poco sobre si el bebé capta los sabores agradables o no, y si responde a ellos.

-¿Las emociones de la mamá hacen que el bebé se mueva? (Lo pregunté porque en el cine el inquilino tuvo una actividad febril) R=Probablemente, pero estando en el cine el sonido envolvente quizá le estimulara más que las emociones mismas de la mamá ante la historia en la pantalla.

Resumiendo, hoy me queda claro que el passenger se mueve porque sí, porque lo necesita, porque le parece divertido, por que le place….. y quizá en algunas ocasiones porque yo lo provoco. Y esto es lo que me conmueve a mi: que él se mueva “independiente” de mi y que con eso me recuerde (a cada rato, en la madrugada, mientras como, en el cine o cuando me unto la crema) que él es él, aunque ahorita él y yo seamos uno mismo.