abril 28, 2009

Juguetes y deseos

Un proceso habitual en esto de esperar un hijo es soltar la imaginación y pensar a cada rato: con qué tipo de ropa lo vestirás, si quieres que aprenda un idioma distinto de su lengua materna, a qué edad será bueno meterlo a clases de natación y cosas por el estilo.
Pero ahora que estuvimos de viaje, tuve tres grandes deseos para este pasajero, o si lo quieren ver así, son deseos míos a propósito de él. Aquí van:

No sé de dónde voy a conseguir un pintor buenezón (y dinero para pagarle) pero antes de que mi bebé deje de ser bebé le voy a mandar hacer un cuadro como este.

Tener un globo terráqueo hermoso y exacto ya no debe ser un privilegio de reyes; de hecho, mi padre nos compró uno a mis hermanos y a mi cuando éramos chicos. Recuerdo que mis nociones de geografía era calcular en cuartas (el largo que hay entre tu pulgar y tu meñique extendidos) qué país estaba más lejos que cuál o cuál era más grande que otro. Desde entonces, Siberia me pareció inconmensurable y supe que estepa (aunque nunca la había ni la he visto) era la mejor palabra para describirla.

Tampoco se si en la actualidad se manden hacer esculturas de pequeño formato sólo por el gusto burgués de tenerlas en casa. Pero en cuanto tenga modo y medios, mandaré esculpir a mi hijo con su padre en un motivo como este. De entre los dioses antiguos, Baco siempre me simpatizó por sobre los demás, pero este Hércules me pareció que viene más a tono con las figuras de padre-hijo; de momento el único problema es que no tengo idea de con qué objeto sustituir el apoyo espinoso -basto- que luce el de la imagen.

abril 22, 2009

El retrato es pa´tus ojos, el original pa´mi.

En nuestra época las imágenes no son irresistibles e imprescindibles. Aunque veamos tantas en un día y las dejemos pasar, las necesitamos –es mi caso- para tomar por ciertas el resto de percepciones que nos llegan por otros sentidos.
Esto me ha pasado en el caso de mi inquilino, recién descubierto como prematuro passenger trotamundos (ya se aventó su primer viaje trasatlántico!). Por eso le he formado su álbum personal del que las siguientes imágenes son una muestra pequeña.

En diciembre, cuando era un corazón en un saco...


En enero seguía en calidad de little bolita latiendo



En febrero ya retrataba así....



Y en marzo saludó a la cámara luego de mostrar su ID...

abril 16, 2009

El bebé viajero

Hemos vuelto de París sin novedades en el frente, es decir en la panza.
La verdad, antes de irnos, digamos desde que andábamos comprando los boletos de avión a finales del año pasado, tenía temor de hacer este viaje. Como en el embarazo cada día puede ser diferente al anterior y la buena salud y estado pueden cambiar en unas horas, sumado a mi “natural” percepción catastrofista del futuro, pensaba que me podía dar una infección y no hallaría cómo comprarme medicinas o cómo explicar en otro idioma mis dolencias; que en el aeropuerto me confiscarían mis vitaminas cotidianas; que en un enfrenón inesperado de uno de los aviones el cinturón de seguridad estrangularía al bebé; o que de buenas a primeras estando en París me darían contracciones y que al llevarme a un hospital -donde la cuenta saldría carísima- terminarían por decirme que debía guardar reposo hasta el parto, cosas así.
Pero nada de esto paso. Las piernas apenas se me hincharon durante los vuelos, el cambio de comida no me trastornó la digestión y en los pasos aduanales y migratorios lo menos sospechoso fue mi maletín de medicamentos. Si acaso podemos llamar complicación fue el tener que encontrar un baño cada rato así anduviéramos en los Campos Elíseos o en un paso en barco por el Sena.
En cambio, la creatura se dio otro estironcito (ahora ya es inevitable que se me note la panza de embarazada) y entró en su etapa de franca movilidad.
Desde el inicio del embarazo “la gente” ha insistido en preguntarme ¿ya se mueve el bebé? Yo siempre ponía cara “¿de qué me hablan Willis?” porque, en realidad, fue hasta el primer martes en París que yo pude distinguir un movimiento. Antes los había visto en el ultrasonido pero sentirlos, francamente no. Incluso no podía describirlos y seguramente los confundía con los latidos o bombeo de ciertas venas que cruzan la panza.
Pero ahora no hay duda, el inquilino va a ser un andarín. En los despegues y aterrizajes, en esos momentos breves en que el avión vence la gravedad y se separa de la tierra, Caminito daba su propio salto. Esto cambió respecto a otros viajes que he hecho, pues a mi siempre me hacía ilusión irme asomando a la ventana del avión en esos momentos, pero ahora me concentraba en sentir lo que pasaba dentro de mi.
Fueron unas lindas vacaciones. Terminé la novela que me llevé de lectura y tuvimos muchas oportunidades de hacer cosas de turistas y vida de locales.
El viaje fue hacia dentro y hacia fuera.... y ya estamos de vuelta para contarlo.