marzo 18, 2009

Verse a la cara sin espejos

No sé si les haya pasado que ante un momento de angustia o de evasión, dan ganas de salir a una tienda departamental, ver cosas que no necesitas y elegir algo para saciar un antojo indefinido.
Eso me pasó hace unos días, pero como mi contexto financiero está a tono con la circunstancia mundial, tuve que buscar un sustituto para ese arranque consumista. Lo encontré en la Biblioteca estatal. Recordé que entre las cosas que me he abstenido de comprar en los últimos meses son libros. Así que me hice la idea de ir a una tienda de libros pero en lugar de pagar en la caja pasé al módulo de préstamo externo.
Los libros que elegí fueron tres buenas casualidades que me ayudaron a conectarme con una idea difusa, con una serie de preocupaciones antiguas y con percepción que había enfrentado sin saber nombrar muy bien.
El primer libro era un diario imaginado de un bebé dentro de un útero. Con algunos datos que se tienen por ciertos sobre lo que los fetos sienten a determinado momento de su desarrollo, la autora hilvana unos relatos sencillos que le ayudan a mujeres como yo a imaginar a su inquilino, a pensarlo como uno.
El segundo libro como les digo, discurseaba con preocupaciones antiguas mías y de cientos de mujeres. Me gustó porque era la mezcla adecuada de datos, consideraciones médicas y reflexión sobre procesos íntimos de las mujeres devenidas madres bajo la consideración de si el embarazo es en realidad una dulce espera.
Finalmente leí sobre el puerperio. Esta palabra como la de suegra yo mandaría borrarla de la lengua porque me parece desagradable, pero el libro hablaba de una etapa por definición crítica para la mujer convertida en mamá. No se trata simplemente de la depresión postparto, sino del verdadero tránsito que una mujer define vivir desde el momento del alumbramiento hasta que su hijo ya se considera a si mismo una persona distinta de su madre.
No es que haya comprado todo lo que decía el tercer libro que me receté, pero coincido que la maternidad es un modo de enfrentarse con la propia sombra, con la identidad construída para una hasta este momento, con los recuerdos de cuando una misma era bebé y de cómo conectamos con nuestra madre, entonces y ahora.
Cuando en un post críptico de hace unas semanas escribí (en febrero, Idea rotunda) que el embarazo era una fuerza que te obligaba a “salir de ti, a pesar de ti”, creo que me refería a esto: a la posibilidad-obligación de verse con una misma, cara a cara y sin espejos.

marzo 09, 2009

En el vientre materno

Anoche ví el documental “En el vientre materno” de Natgeo. Por largos momentos estaba con la boca abierta y el corazón en un hilo.
Eso pasa, eso nos pasa a las mamás de todo el mundo, eso me pasa en este momento, no paraba de pensar.
Me gustó que el documental estuviera narrado en voz de mujer y admiré las grabaciones o animaciones por computadora en que “puede observarse” desde dentro del útero cuando el médico que ha hecho una incisión de cesárea introduce su mano enguantada para buscar a los sucesivos fetos de un embarazo múltiple.
En todo este proceso no deja de impresionarme la capacidad que tiene cada momento y cada dato de volver a impresionarme. Je je. Aunque una haya leído de varias fuentes sobre la gestación, sobre la organización genética primero para la reproducción celular, luego para la creación de los primeros órganos y en seguida para el crecimiento del bebé, esto tiene un poder mayor. La razón no tiene otra opción mas que rendirse, cautivada, ante el espectáculo al que asiste.
Es la convicción de asistir a un milagro del que se sabe tanto a estas alturas del conocimiento humano y del, que a la vez, se desconocen cosas tan fundamentales.
El agradecimiento de vivirlo, con menos explicaciones que las que dan los documentales de Natgeo, pero sin intermediarios, con incertidumbre y esperanza, entendiendo que la complejidad de la gestación humana es el anuncio de que así será nuestra vida entera, el rasgo esencial de toda nuestra existencia.

marzo 05, 2009

Darwin

En estos días tuve cita con la nutrióloga y el ginecólogo. Con ambos, el reporte es que todo marcha bien con el inquilino, las mediciones de su estructura ósea indican en el ultrasonido que tiene una semana más que su edad gestacional. El médico confía en la próxima cita que la creatura ya muestre sus credenciales, su ID, su sexo pues.
Pero de ambas citas con los profesionales, la que más me cautivó, en esta ocasión, fue la plática con la nutri, Eri pa´los cuates.
Haciéndome hincapié en que este trimestre debo cuidar mucho mi ingesta de proteína (carnes rojas y verduras de hoja verde que deben combinarse con alimentos con vitamina C porque está probado que la absorción del hierro mejora) Eri me explicó que en estos meses, el bebé hace el principal acopio de hierro para lo que resta de su desarrollo pero sobre todo para los seis primeros meses de vida en que, como únicamente va a tomar leche, no tendrá un aporte de hierro.
No antes ni después del tercer trimestre, es ahora que la evolución ha programado al inquilino para hacer esta tarea de reservista. Él no lo sabe, yo tampoco lo sabía hasta antier, pero por fortuna la ciencia lo ha descubierto hace un rato…. Y pensar que todo empezó con Darwin. ¡Gracias Charles, hoy me he sentido muy agradecida con tus observaciones!