mayo 20, 2008

Wishlist

La fecha es inminente. El sábado me amaneceré con un año más de vida.
No tiene caso decirles cuantos cumplo porque la mayoría lo sabe. Y para los que no, es un dato del que podrán prescindir para su toma de decisiones.
Pero como la inquietud empieza a crecer a mi alrededor sobre "¿qué será bueno regalarle a Saraí en su cumple?", aquí les va mi Wishlist.
Soy una mujer de listas (amén de una mujer lista!) por lo que he confeccionado una que pueda caber en los bolsillos saludables y en los magros, en las mejores intenciones y en las de hueva, en la extrema dadivosidad o en la más parca de las ofrendas. O sea que cualquiera me puede dar algo para pasar el trago difícil que es cumplir un año más de vida y de hecho, la mayoría de Ustedes ya me lo ha brindado: recibir su visita y lectura en este blog es un gesto generoso que me pone feliz cada vez y que agradezco tanto como cuando mi plantita del jardín trasero (una “huele de noche”, diría mi abuela) avienta sus flores con olor.

Opciones de compra
  • Ropa para hacer acondicionamiento físico, en especial una blusita de manga corta o un pants nuevo.
  • Un top deportivo (sustituto de bra) o camiseta elástica
  • Una pinza de cabello (porque ya chole con mis banditas para recogerme mi larguísima cabellera!)
  • Un vestido o ropa de modita (la moda no va conmigo, pregúntele a mi mamá)
  • Zapatos y chanclas nunca me caen mal (tenía que ser de León!)

Opciones de información (Resuélvanme alguna de estas dudas:)
  • ¿Cuál es el mejor libro (no enciclopedia ni colección de siete tomos, o sea algo concretito je je) para conocer Cuba antes de viajar allá? O dicho de otro modo: ¿cuáles son los títulos imprescindibles para entender Cuba cuando se la visita?
  • ¿Cuál es la bibliografía básica para conocer los inicios y evolución de las FARC? ¿Hay algún libro, reportaje extenso o análisis publicado sobre esta guerrilla? Conseguible en México, pues…
  • ¿Dónde consigo la película “Cosas que diría con solo mirarla” de Rodrigo García?
  • ¿De qué están hechas las cenizas del queso de ceniza?

Opciones de lectura (Puede ser prestado o comprado)
  • “De todo lo visible y lo invisible” de Lucía Extebarría
  • “Sendero, historia de la guerra milenaria en el Perú” de Gustavo Gorriti
  • “Orientalismo” de Edward Said u otro título de este autor en el tema de los árabes y el Islam
  • “Pisando tus umbrales, Jerusalén” de Joaquín González Echegaray (u otro muy recomendable para leer sobre historia de la ciudad de Jerusalén)

Opciones de encuentro
  • Una plática, chat, chal o lo que se le parezca, en un café o en una heladería, en un parque público o simplemente en casa o al teléfono.
  • Un recuerdo o anécdota –de preferencia que no me sepa- de mis cariños idos a otro mundo (o sea, sobre mi abuela Mayis, mi tío Víctor, mi papá Manuel, mi primo Héctor, mi abuela Mariquita y mi tío Jesús)
  • Una opinión argumentada sobre si Shiraz es un buen o mal nombre para niña.
Deseos cuasi imposibles
  • Poder darle un abrazo a Pillo antes de que parta a Europa y darle otro abrazo para que se lo lleve a Nunu. Pillo me inició en el blog y ya la extraño!

mayo 16, 2008

Estampas de movilidad metropolitana

UNA
Salgo de la estación del metro Tacubaya. La zona vive la saturación habitual de comerciantes “irregulares”. Decirles ambulantes sería totalmente incorrecto y llamarlos semifijos, impreciso. Por que ellos con sus puestos no caminan (no deambulan) y siempre están ahí. Ahí hacen sus sagrados tres alimentos al día, ven tele, comadrean, juegan con sus hijos.
Para una pueblerina como yo, salir de los metros y encontrarme con esta escena me provoca rabia y angustia. Lo primero porque creo que hay pocas cosas que lastimen más a estas ciudad que la presencia de estos comerciantes "irregulares" everywhere. Lo segundo porque es casi imposible ubicarse entre el revoltijo de puestos, donde había plazoletas ahora hay “calles” de comerciantes; dónde hubo banquetas ahora hay pasadizos de los que uno teme salir al lugar o dirección equivocada… o no salir nunca.
En Tacubaya me pasa eso, obviamente. Pero a fuerza de recorrerla varias veces y de forzarme a memorizar por cuáles atajos de puestos hay que caminar para llegar a los autobuses que usualmente tomo, los que suben a Santa Fe, he llegado a sentirme más en control.

DOS
Abordo el autobús verde que va a la Ibero. Como ya es de noche, adentro de la unidad se viaja a oscuras, apenas con una luz neon azul para que el chofer y su acompañante reciban los pasajes. Pago 3.50 pesos pero el camión ya va lleno. Aunque apenas ha salido de su base en Tacubaya, a estas horas los pasajeros prefieren esperar varias corridas con tal de que les toque sentados. Como para la mayoría no será el último transporte que los lleve a sus casas, y ya se lleva una jornada a cuestas, es muy sensato esperar para viajar sentados.
Yo también llevo una jornada a cuestas y lo peor, una maleta que pesa casi 10 kilos. Así voy a viajar durante 50 minutos una distancia de menos de 10 kilómetros.
El autobús es robusto y tiene una potencia de arranque y frenado como de hummer. Para los que vamos de pie, dos manos no parecen suficientes para guardar el equilibrio y no caer sobre los pasajeros sentados, en algunos de los enfrenones.
Como la oscuridad lo permite y el cansancio lo demanda, los viajeros dormitan un rato. Pero el chofer trae otro ánimo: nostalgia por el amor o el recuerdo por la mujer perdida, lo invaden. A 31 decibeles (lo sé porque a ese volumen mi hermano tocaba su estéreo cuando adolescente) va tocando los éxitos de Ana Gabriel y Maricela. “Ahora piensas marcharte, pues tú lo desiste, yo comprendo y me alejooooo no sin antes decirteeeeee: que el tiempo que duró nuestro amor…”. La potencia de reproducción del autobús la hacen tres pares de bocinas Sony Xplod repartidas a lo largo de la unidad.
La música despierta a algunos de los que van sentados y a los parados nos atonta. Tanto que se hace un tapón en la parte primera del bus. El chofer se enoja y empieza a gritar. Como nadie reacciona, entiende que hay que bajar el volumen y dar las instrucciones: “Si le van pasando por en medio señores por favor, allá atrás hay lugar”.
De inmediato volvemos a los 31 decibeles y a los arrancones-enfrenones. Maricela, aquella cantante de los ochenta, suelta sus alaridos: “Enamorada y heridaaaaa…..”